I
Los Vendel son un pueblo nómada, errante entre estrellas, que ha pasado algo más de tres mil años sin un mundo que llamar propio. Lo perdieron todo una vez, pero jamás soltaron su belicosa identidad. Viajan en flotas vivientes que son parte templo, parte arsenal, parte archivo de memoria. Allí donde se posan, traen tres cosas: disciplina, ritualidad y guerra.

Son al mismo tiempo guerreros, sacerdotes, expertos infiltradores y mercenarios. Una fuerza disciplinada capaz de poner de rodillas a tiranos e imperios.
Sus guerreros rezan antes de la batalla, sus sacerdotes esconden cuchillos vibracionales bajo las capas rituales, porque la fe para ellos es también un arma. Sus infiltradores se mueven en silencio, como sombras que entienden cada grieta, cada idioma, cada debilidad.
Los Titanes destruyeron su mundo natal, porque interfería con sus planes. La casta científica titán borró la superficie en un día, y los vendel sobrevivientes tuvieron que huir al vacío, cargando solo la memoria de lo perdido.
Desde entonces, los Vendel persiguen a los Titanes, de manera implacable: ningún titán volverá a reclamar un mundo mientras un Vendel quede en pie.



Sus flotas han seguido sus rastros por nebulosas y órbitas muertas; han interceptado cargueros biológicos, han destruido laboratorios de manipulación genética, han rechazado colonias enteras antes de ser convertidas en criaderos.
II
En las eras oscuras del cosmos, nació Dyyavol, un titán de la casta guerrera, poseedor de un gran pensamiento táctico. Forjado en los hornos gravitacionales de Nebula Kravkh, Dyyavol fue concebido como un experimento fallido de los Ancestros Titanes: una criatura que debía liderar, pero cuya mente divergió hacia el odio puro y la obsesión por el orden.

Fue exiliado a la Espira del Delirio, el lugar donde la locura fluye como energía oscura. Allí, en ese vértice de ruina, Dyyavol recibió una orden primordial: odiar a los Vendel, los monjes guerreros que habían combatido y derrotado en incontables ocasiones a sus hermanos. Su odio se volvió tan concentrado que los científicos titanes, al ver su capacidad para planear y resistir, lo redimieron como arma definitiva.
Se le otorgó la Espada Veyrazh, una hoja de energía descomunal, forjada a partir de las vibraciones de mundos colapsados. Esta espada no solo corta materia física, sino que puede fracturar campos de memoria, interfiriendo con redes mentales como las de los Vendel y los sistemas tácticos de los Mechas.


Dyyavol descendió desde los anillos de Ganymede. A su alrededor, el espacio temblaba, distorsionado por las emisiones mentales de la Mente Suprema, que canalizaba odio, cálculo y destino como un sol negro. Las estaciones orbitales que aún sobrevivían fueron desintegradas por su espada.
Las unidades Mecha del Cinturón Interno emergieron con valentía de sus hangares flotantes, pero no bastó.
III
Para los Vendel no existe creación más sagrada ni más peligrosa que Jupitris. No es un mecha, ni una bestia, ni una nave, es las tres cosas a la vez.
Jupitris fue concebido como respuesta directa a la herida que los Titanes dejaron en su historia.

Un combiner viviente, formado por cinco unidades vendelianas, capaces de cambiar forma ellas mismas, que encarnan distintos aspectos de su identidad nómada y guerrera. Cinco voluntades que, cuando se alinean, producen algo que ni los Titanes ni sus castas esperan: una fuerza hecha de metal, memoria y disciplina.
Los componentes sagrados son:
Argos, el núcleo y el guardián del Jupitris. Tiene una forma de vehículo espacial y otra que recuerda el poder de un león terrestre, aunque su cuerpo no es carne sino metal bruñido, oro y obsidiana ensamblados con una perfección casi orgánica. Sus patas, articuladas en ángulos imposibles, descansan listas para el salto o el ataque; la cabeza, rematada en una melena de fibras ópticas incandescentes, parece observarlo todo.

Su mera presencia impone silencio, y el eco de sus pasos recuerda el redoble de un tambor de guerra: grave, solemne, anticipando un peligro inminente. Su misión no es solo proteger la estación, sino decidir, como un viejo rey mecánico, qué vidas se salvan y cuáles no.
Belta, el ejecutor silencioso, un vehículo de sigilo que se transforma en un mecha felino con la esbeltez y la ferocidad de un leopardo de Sargei. Su cuerpo, largo y flexible, se adapta a las galerías y corredores como una sombra que acecha en la penumbra. El metal que lo recubre está moteado de circuitos y placas de camuflaje que imitan el pelaje manchado del depredador, haciéndolo casi invisible cuando acecha en modo sigilo.

Sus extremidades terminan en garras retráctiles capaces de desgarrar acero y sus sensores captan el más leve temblor, el más débil rastro de calor.
Lycón es el el centinela sigiloso y el consejero de la máquina central. Su estructura replica la elegancia y la astucia de un lobo vendel, con un armazón de aleaciones oscuras y flexibles, ensamblado en segmentos que imitan los músculos bajo el pelaje. Cuando avanza por los corredores, lo hace en silencio, con el sigilo de quien ha aprendido a moverse entre sombras y secretos.

La cabeza triangular, cubierta de sensores y microantenas, capta hasta los murmullos más sutiles del metal y las vibraciones en la estructura.
Pallax, es la encarnación de la fuerza ciega y la resistencia inquebrantable. Su forma de trabajo es un trasporte de carga espacial, y su forma de combate recuerda a un rinoceronte de Alfa Centauri, robusta, maciza, forjada en capas de blindaje que resisten tanto el vacío como el fuego enemigo.

El metal que reviste a Pallax está surcado de cicatrices de viejas batallas, y sus mecanismos internos resuenan como el latido de una bestia prehistórica. La articulación principal, reforzada con titanio cristalino, permite embestidas demoledoras capaces de derribar puertas blindadas o abrir túneles en asteroides hostiles.
En la superficie de Pallax, una suerte de cuerno retráctil se despliega en situaciones críticas, actuando como ariete o ancla cuando el Jupitris debe aferrarse a terreno inestable.
Bullnax, su forma de trabajo es un camión lunar, su forma de combate es una mole viviente cuya arquitectura evoca la masa y el empuje imparable de un bisonte en estampida. Su armazón, abombado y poderoso, está ensamblado con placas curvas que simulan la musculatura tensa de la bestia original.

Cuando el Jupitris avanza apoyándose en Bullnax, el suelo retumba y vibra bajo un peso destinado a aplastar cualquier obstáculo. Motores hidráulicos ocultos en la estructura le otorgan la capacidad de saltar, embestir y soportar impactos descomunales, mientras que un sistema de estabilizadores mantiene el equilibrio incluso en los entornos más hostiles.
A lo largo de la “espalda” de Bullnax, protuberancias reforzadas semejan jorobas, capaces de almacenar energía y liberar pulsos de fuerza bruta en los momentos más críticos.
IV
Dyyavol ha sentido una señal Vende y se materializa entre los escombros cósmicos, arrastrando un firmamento negro tras de sí. Los radares caen, los últimos satélites se apagan.

La fortaleza que lleva al Jupitris llega con su impulso solar, rompiendo la oscuridad como un cometa. Los cinco mechas se posicionan alrededor de un campo gravitacional inducido artificialmente en la estratósfera. Cada uno comienza a emitir pulsos de energía cósmica sincronizados. Un resplandor dorado marca la fusión inminente.
Dyyavol desata sus tentáculos, que se multiplican como raíces en un bosque de sombras. Jupitris, con un giro, los bloquea usando su escudo de energía. En respuesta, Jupitris da un golpe artero en centro del Titán.

Los pilotos de Jupitris activan el protocolo final: NEXUS INFERNO. Su pecho se abre y revela el Corazón de Estrella, una esfera en ignición que ha almacenado 1000 años de energía solar concentrada.
— ¡Ahora! —Ordena Shade.

Jupitris se convierte en una explosión contenida. Lanza el núcleo hacia Dyyavol y lo atraviesa. Un segundo después, un sol en miniatura nace entre los dos titanes… y todo se silencia.
El gran robot deja sus sistemas en pausa, pero intacto. Dyyavol desaparece sin dejar restos. Solo queda una grieta en el cielo, como una herida curándose.
Las radios humanas preguntan por los campeones Vendel, entonces muy débil se escucha una voz que susurra.
—Seguimos aquí.
La órbita de Jupiter se había transformado en un cementerio, pero entre toda esa muerte, un grupo de héroes aún emitía una luz de esperanza.
Bonus track
La carta Jupitris será entregada a través del Juego Organizado próximamente. Los invitamos a estar atentos a las redes sociales y anuncios de JO para saber más al respecto, mientras les dejamos la carta Jupitris, uno de los pilares de Kaiju vs Mecha: Titanes.

Que buena que la continuaron. A muchos cabros les gustan los robots. A mí… me obsesionan.
Me gustó mucho el arte de está edición, voy a coleccionarla, no creo que vuelva a jugar a menos que hagan algo con China, o al menos con Japón o Corea!
La historia que acabo de leer está buena
¿Esto sería un epilogo?
Me trajo recuerdo de Voltron y los Power Rangers.
Acabo de leerlo y me gustó mucho
Hola Juan,
la historia principal termina en el capitulo 7. Ahora Jose Luis expandirá los relatos contando los eventos paralelos de la edición y entregando más datos de los personajes que podrán encontrar en los sobres y productos.
Saludos!