Las criaturas sobrenaturales necesitan, casi inevitablemente, a alguien capaz de enfrentarlas. Pero la figura del cazador de monstruos es mucho más antigua y variada que el hombre armado con estacas que fijó la literatura moderna. En el folclore europeo y asiático encontramos héroes que atraviesan el Otro Mundo, hijos de vampiros capaces de reconocer a los muertos, especialistas contratados por una aldea y divinidades cuya sola imagen basta para mantener alejados a los espíritus.

Para Bruce McClelland, el cazador de vampiros no puede separarse del propio vampiro. En las tradiciones eslavas y balcánicas ambas figuras forman parte del mismo sistema de creencias: allí donde aparece un muerto peligroso debe existir también alguien capaz de reconocerlo, encontrarlo y devolverlo definitivamente al mundo de los muertos. Esta relación es fundamental para comprender cuánto se aleja el folclore de la imagen literaria posterior.

Milena, por Nitrox

El cazador tradicional no siempre es un guerrero. Con frecuencia es, antes que nada, un vidente. Posee una capacidad especial para descubrir aquello que permanece oculto para los demás: distinguir al vampiro, seguir sus movimientos o identificar la tumba desde la cual actúa. Su poder puede proceder del nacimiento, de alguna condición extraordinaria o de su propia cercanía con el mundo sobrenatural. Para combatir al monstruo debe compartir, de alguna manera, parte de su esencia.

Un ejemplo de este es el vampirdžija que aparece en las tradiciones balcánicas, una persona capaz de ver, reconocer y destruir vampiros. No es simplemente un guerrero, sino también un vidente.

La destrucción del vampiro tampoco constituye simplemente un acto de violencia. Acabar con el mal forma parte de un procedimiento comunitario destinado a terminar con una anomalía. El cazador interpreta las señales y dirige la respuesta de la comunidad. Su tarea consiste tanto en descubrir al culpable como en restaurar la separación correcta entre vivos y muertos.

Făt-Frumos

Făt-Frumos es uno de los grandes héroes de los cuentos rumanos. Su nombre significa aproximadamente «joven hermoso» y suele presentarse como un príncipe o hijo menor destinado a realizar aquello en lo que otros han fracasado. Llamarlo «paladín» es una interpretación moderna, pero apropiada si entendemos el término como campeón contra las fuerzas que amenazan el orden humano.

Frumos el paladín, arte por Franxo

Su verdadera importancia está en sus enemigos. Făt-Frumos combate al zmeu, al balaur, a brujas y seres como Muma Pădurii, que vimos en la edición principal. Sus viajes pueden llevarlo además desde «este mundo» hacia tărâmul celălalt, «el otro reino», un espacio situado más allá de las reglas ordinarias. Para llegar allí cuenta a menudo con un caballo maravilloso que no es sólo montura: habla, aconseja y conoce caminos inaccesibles para un hombre común.

Rugiaevit

Una divinidad de los eslavos de Rügen, asociada especialmente con la guerra. Su presencia resulta útil en este recorrido porque representa algo anterior al cazador individual: la fuerza divina que protege a una comunidad.

Saxo Grammaticus describió su enorme ídolo en Charenza, actual Garz. Estaba tallado en madera, poseía siete rostros, llevaba siete espadas en el cinturón y sostenía una octava desenvainada. Los habitantes de la isla atribuían al dios una enorme potencia guerrera. El santuario fue destruido durante la conquista danesa de Rügen en 1168.

En su versión original es un dios que mira simultáneamente en varias direcciones y permanece siempre armado, su misión tardía sería la lucha contra la sombras y los muertos inquietos. En esta versión tardía es más bien un paladín sobrenatural, o un dios aniquilador del mal.

Rugiaevit, arte por Nitrox

Dhampir

La cultura popular moderna transformó al dhampir en un guerrero mitad humano y mitad vampiro. La tradición balcánica es aún más rara. Un vampiro masculino podía regresar después de muerto y mantener relaciones con una mujer viva, a menudo su antigua esposa. De esa unión podía nacer un dhampir o, un vampirović, literalmente, un «hijo de vampiro».

Su herencia monstruosa no necesariamente lo condenaba. Podía otorgarle precisamente aquello que la comunidad necesitaba, la capacidad de reconocer al vampiro.

Dhampir, arte por Nitrox

Esta facultad era importante porque algunas tradiciones consideraban que el muerto podía ser invisible para las personas comunes. El especialista podía señalar dónde se encontraba, descubrir su tumba y permitir su destrucción mediante los procedimientos rituales apropiados. Incluso se recogieron historias en las que otras personas conseguían ver al vampiro mirando a través de la manga del cazador. Aquí el defensor se convierte en espejo de aquello que persigue.

En ciertas tradiciones balcánicas, combatir vampiros podía convertirse en una ocupación. El especialista llegaba a una comunidad cuando comenzaban las muertes inexplicables, enfermaba el ganado o se sospechaba que un muerto estaba regresando.  Las creencias romaníes participaron de este complejo mundo balcánico de cazadores, séptimos hijos y especialistas rituales. El cazador podía observar lugares sospechosos, reconocer señales que los demás ignoraban y representar teatralmente incluso un combate contra una criatura que sólo él afirmaba percibir.

Cazador Zingaro, arte por Nitrox

También encontramos en Bulgaria términos como vampirdzhija, vampirar, glog o svetocher para distintos especialistas relacionados con la detección y destrucción de vampiros. Algunos individuos nacidos en sábado recibían igualmente capacidades especiales para percibir seres que los demás no podían ver.

Zhong Kui

En China encontramos una figura mucho más poderosa. Zhong Kui es el sometedor de demonios. La tradición que alcanzó mayor difusión lo relaciona con el emperador Xuanzong de la dinastía Tang. Enfermo, el emperador soñó con un pequeño demonio que entraba en palacio. Entonces apareció una figura enorme y feroz que capturó al intruso y lo devoró. Se presentó como Zhong Kui. Al despertar, el emperador se encontró recuperado. Fuentes posteriores relacionaron ese sueño con la difusión de su imagen protectora.

Zhong Kui habría sido un brillante erudito injustamente apartado de los honores que merecía por su aspecto desagradable o desaliñado. Después de morir adquirió autoridad sobre aquello que antes había amenazado a los vivos.

Zhong Kui, arte por Franxo

Su rostro feroz, su barba, sus ropas de funcionario y su espada fueron colocados durante siglos en pinturas y estampas destinadas a alejar influencias dañinas. En Japón pasó a conocerse como Shōki, donde se le agregaron otros detalles,  y quedó también asociado a la protección frente a enfermedades.

El cazador tradicional no es simplemente el hombre más fuerte, es alguien que sabe mirar. Eso explica también por qué el cazador de monstruos posterior, desde Van Helsing hasta nuestros héroes contemporáneos, suele acumular conocimientos extraños, libros, amuletos y experiencias que lo alejan de las personas comunes. Para enfrentarse a lo monstruoso debe acercarse a este.

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