En 1819 apareció en Inglaterra un breve relato llamado The Vampyre. Su protagonista, Lord Ruthven, no era el cadáver hinchado y sanguinolento que podía encontrarse en numerosas tradiciones de Europa oriental. Vestía bien, frecuentaba los salones, viajaba por Europa y pertenecía a la aristocracia. Su monstruosidad apenas no necesitaba ocultarse. Con él nació una de las grandes transformaciones del vampiro occidental.
Su autor fue John William Polidori, un joven médico junto a Lord Byron Polidori nació en Londres en 1795. Era hijo de Gaetano Polidori, un intelectual italiano establecido en Inglaterra, y estudió medicina en Edimburgo, donde obtuvo su título con apenas diecinueve años. Sin embargo, sus ambiciones no terminaban en la medicina. Quería escribir y formar parte del mundo literario que admiraba.

En 1816 recibió una oportunidad extraordinaria y difícil. Con veinte años se convirtió en médico personal y compañero de viaje de Lord Byron, que entonces tenía veintiocho y era ya una de las figuras más escandalosas de Europa. Juntos viajaron hasta Suiza. La relación entre ambos fue complicada. Polidori admiraba al poeta, pero también sufrió sus burlas y su trato condescendiente.
La noche que produjo dos monstruos
El verano de 1816 fue anormalmente frío y lluvioso en buena parte de Europa. La enorme erupción del monte Tambora, ocurrida el año anterior en Indonesia, había contribuido a alterar el clima del hemisferio norte. Aquel 1816 sería recordado como el año sin verano.
Cerca de Ginebra se reunieron Byron, Polidori, Percy Bysshe Shelley, Mary Godwin, la futura Mary Shelley, y Claire Clairmont. Las lluvias los obligaron a permanecer durante largas horas en interiores. Leyeron historias alemanas de fantasmas y Byron propuso que cada uno escribiera un relato sobrenatural. De aquel desafío surgió uno de los momentos fundamentales de la literatura fantástica. Mary Shelley comenzó la historia que terminaría convirtiéndose en Frankenstein, que ya nos ha visitado en Mitos y Leyendas.
Byron escribió el comienzo de un relato sobre dos hombres que viajaban hacia Oriente. Uno de ellos, Augustus Darvell, moría misteriosamente después de exigir a su compañero que guardara silencio sobre su muerte. Byron nunca terminó la historia.
Polidori tampoco escribió exactamente El vampiro durante aquella famosa reunión. En esos días comenzó otro relato sobrenatural. Pero conocía el argumento que Byron había imaginado y, posteriormente, utilizó algunas de aquellas ideas para desarrollar una historia propia. En una carta de 1819 explicó que tomó de Byron el viaje de dos amigos, la muerte de uno de ellos y el juramento de guardar silencio, el desarrollo posterior era suyo.
De aquel fragmento nació Lord Ruthven, otro que resulta ser un viejo conocido para los jugadores de Mitos y Leyendas.

El cazador de nobles
El vampiro comienza en los salones londinenses. Lord Ruthven aparece como un aristócrata enigmático cuya presencia despierta inmediatamente curiosidad. Su rostro es pálido y sus ojos parecen muertos. Al igual que Byron, no necesita esforzarse demasiado para atraer la atención de quienes lo rodean.
Un joven llamado Aubrey, rico, ingenuo e idealista, queda fascinado por él y decide acompañarlo en un viaje por Europa.
Ruthven disfruta de la destrucción ajena, no ayuda a quienes realmente lo necesitan. Entrega dinero a jugadores, libertinos y personas capaces de utilizarlo para su propia ruina. Seduce mujeres sin intención de amarlas y parece contemplar las desgracias humanas con una indiferencia casi absoluta.
Aubrey termina separándose de él, viaja entonces a Grecia, donde conoce a Ianthe, una joven que le cuenta antiguas historias sobre vampiros. Según esas tradiciones, existen seres capaces de vivir entre los hombres y prolongar su existencia alimentándose de jóvenes víctimas.

La elección de Grecia no es casual. Para el lector de comienzos del siglo XIX era una tierra donde la Antigüedad clásica convivía todavía con antiguas creencias populares. Polidori utiliza ese contraste para introducir al vampiro folklórico dentro de su relato moderno. El vampiro del folclore griego recibe generalmente el nombre de vrykolakas. La descripción que Ianthe hace de estas criaturas recuerda inquietantemente a Ruthven.
Aubrey no quiere creerlo, poco después, Ianthe aparece muerta y Lord Ruthven regresa, así vuelve a viajar junto al aristócrata. Durante el camino son atacados por bandidos y Ruthven recibe una herida mortal.

Antes de morir exige algo extraño, deberá jurar que durante un año y un día no revelará a nadie sus crímenes ni contará su muerte. Aubrey acepta. Ruthven muere riendo. Después, siguiendo las instrucciones del difunto, su cadáver es llevado hasta una montaña y expuesto a la luz de la luna.
Tiempo después, Aubrey regresa a Londres y allí vuelve a encontrarse con Lord Ruthven. El vampiro no se oculta en una cripta. Regresa tranquilamente a la misma sociedad que lo había recibido antes y ahora se acerca a la hermana de Aubrey.
El joven conoce la verdad, pero está atrapado por su juramento. Intenta impedir el matrimonio sin poder explicar por qué. Los demás comienzan a considerarlo enfermo o demente. Ruthven simplemente espera. Cuando el plazo finalmente expira, Aubrey consigue revelar lo ocurrido, pero claramente es demasiado tarde, su hermana ha muerto.
Ruthven ha desaparecido, y el cruel relato termina diciendonos que la joven había satisfecho la sed de un vampiro.

El nacimiento del vampiro byroniano aquí está la verdadera importancia de Polidori. Ha creado el vampiro aristocrático. Un lobo entre ovejas, detrás de Ruthven aparece inevitablemente la sombra de Lord Byron. Incluso su nombre tenía una historia. Lady Caroline Lamb, antigua amante de Byron, había publicado en 1816 la novela Glenarvon, donde presentaba una versión apenas disfrazada del poeta bajo el nombre de Clarence de Ruthven. Polidori reutilizó ese apellido para su vampiro.
Byron había construido alrededor de sí una imagen pública extraordinariamente poderosa, aristócrata, viajero, escandaloso, sexualmente peligroso, melancólico, hermoso y marcado por una reputación oscura. Polidori convirtió ese tipo humano en monstruo, lo que sería replicado en personajes como Lestat de Lioncourt y Louis de Pointe du Lac, protagonistas de las Crónicas Vampíricas de Anne Rice.